Me siento tan, tan, tan pero tan pesada que creo que si pienso en tragar hasta un poquito de aire voy a reventar.
Viste cuando fuiste al gimnasio después de tiempo o cuando te pasaste la noche (la puta madre, dije que acá de eso no hablaría y siempre vuelvo al tema) digamos ocupado pero de muuucha ocupación. Bueno, así duermo hace tiempo.
Las embarazadas tenemos que dormir del lado izquierdo por una vena que no sé como afecta la circulación u oxigenación del bebé, entonces no nos queda otra que acostumbrarnos. Las que tengan marido/novio/padre del niño al lado tendrán que dejar que cucharear -si acaso al estar de izquierda dieran para adentro de la cama- o dormir del lado de su pareja.
La cuestión es que quienes no nos gusta dormir así tratamos de cambiar: un par de horitas sobre tu derecha, otras sobre tu izquierda. Lo patético del caso es que cuando te despertás en el medio de la noche para girar el tema de darte vuelta se convierte en una proeza titánica.
Opción 1: Impulso hacia el lado contrario, llegar hasta el respaldo de la cama, manotear rapidito y hacer palanca con tu propio brazo para ayudarte a llegar a destino.
Opción 2: Despertar a tu amorcito para que sufra un poco con vos y te de una mano cual grúa para que puedas cumplir el desafío.
Opción 3: Levantarse porque "te llora el nene" y al volver a la cama. Cambiar de posición y esperar que vuelva a llorar para que te despierte nuevamente y tengas el valor de levantarte, chupar frío, consolarlo -aprovechar para ir al baño con o sin ganas- y volver a cambiar.
Uff... me cansé. Y siendo las 8 y algo de la mañana voy a seguir durmiendo -del otro lado por supuesto- aprovechando que Hijito I sigue sumergido en sus sueños.
lunes, 5 de mayo de 2008
Proezas maternales I
Suscribirse a:
Comment Feed (RSS)

|